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1. Mandar mensajes fuera del horario del expediente Ningún empleador le gusta que su funcionario atrase sus tareas por pasar mucho tiempo conversando en WhatsApp sobre asuntos personales. Lo contrario también debe valer: no se permite asediar al equipo con cobros vía app en su período de descanso.
Por supuesto, hay excepciones, sobre todo si es algo muy esporádico y el asunto es realmente urgente, dice Bittioli. Pero la facilidad para enviar mensajes no autoriza invasiones.
Según Maria Aparecida Araújo, consultora de etiqueta empresarial, mandar mensajes fuera del expediente no es sólo una gafe: la práctica puede incluso rendir procesos laborales por horas extras no remuneradas. “Algunos jefes olvidan que WhatsApp deja registros, que pueden ser usados como evidencia ante la justicia”, explica.
2. Cambiar el “ojo en el ojo” por globos de texto Esta misma orientación vale para WhatsApp, correo electrónico o cualquier otra herramienta en línea: no abandone las interacciones presenciales en nombre de la (inegable) practicidad de enviar mensajes por escrito.
Esto se aplica especialmente a conversaciones importantes, como comentarios para el equipo o negociaciones delicadas con clientes y proveedores. De acuerdo con Araújo, la aplicación funciona muy bien para mensajes rápidos y sencillos. “Para todas las demás situaciones, prefiera siempre el ojo en el ojo”, dice la consultora. Sólo así tendrá recursos como tono de voz y lenguaje corporal para profundizar la conversación y evitar malentendidos.
3. Mandar chistes, frases de autoayuda o “desabafos” sobre política Antes de enviar un contenido gracioso a colegas, jefes y subordinados preguntes a sí mismo si compartiría aquello con ellos presencialmente. Dependiendo del tipo de humor, chistes pueden sonar inadecuadas e incluso ofensivas. Cadenas, frases “inspiradoras” y comentarios inflamados sobre política también pueden causar irritación, dice Araújo.
Mensajes descontraídas o ajenas al trabajo no están prohibidos, pero hay que evaluar si realmente tienes intimidad con el destinatario antes de pulsar el botón “enviar”. “La misma etiqueta que tienes presencialmente vale para WhatsApp”, resume Bittioli. “En la oficina a veces rompe el hielo, pero respeta un cierto límite”.
4. Ver y no responder WhatsApp notifica la lectura de todos los mensajes: así que son visualizados por el destinatario, aparecen con dos risquitos azules al lado. Esa “delación” puede causar muchos conflictos, incluso en el contexto profesional. “Pega mal visualizar y no responder al mensaje de un jefe o cliente, por ejemplo”, dice Bittioli. Pero y si demora para responder es por pura falta de tiempo o porque quiere preparar bien su respuesta?
Para el gerente de Talenses, la mejor salida es desabilitar la función de notificaciones de lectura: así, ni usted y ni los demás sabrán cuando se vieron los mensajes. Para la consultora de imagen Renata Mello, también es posible mantener las notificaciones, pero responder algo así como posible. “Diga que en el momento está ocupado, pero que dará un retorno en breve”, explica ella.
5. Confundir destinatarios Con la prisa y la distracción del día a día, no es difícil enviar mensajes a la gente equivocada. Según Bittioli, es necesario tener una atención máxima antes de pulsar el botón “enviar” – un cuidado que vale especialmente para quien participa de muchos grupos en WhatsApp.
En algunos casos, la confusión no trae grandes consecuencias. En otros, dice Mello, el vexamen puede manchar su imagen profesional por tiempo indeterminado.
6. Usar una foto de perfil inadecuada La mayoría de la gente sabe que no debe usar una foto personal tomada en la playa como avatar en LinkedIn. Si usted se comunica por WhatsApp con otros profesionales o clientes, no se olvide de que lo mismo vale para su perfil en la aplicación.
No necesita ser una foto tan seria como la de LinkedIn: basta una imagen neutral. Para preservar su privacidad y evitar restricciones, dice Mello, también es bueno evitar fotos en trajes sensuales.
7. Errar la mano en los emojis Uno de los recursos más populares de WhatsApp es el inmenso acervo de caritas e iconos divertidos que puedes agregar a sus mensajes. Los “emoticons” son aceptables en una interacción profesional, pero es mejor usarlos con parcimonio, hasta porque en algunos casos el tono de la conversación exige sobriedad.
“Si se usa, solo con los ‘emojis’ más básicos y universales”, recomienda Mello. “De cualquier modo, evite manipularlos con mucha frecuencia o en gran cantidad”.
8. Tropezar en portugués La redacción de un correo electrónico suele exigir más tiempo y concentración que la producción de un mensaje de WhatsApp. Esa rapidez hace que muchos usuarios cometan errores de gramática y ortografía en la comunicación por la aplicación, lo que puede comprometer su imagen profesional.
La herramienta de autocorrección puede parecer salvadora en estos momentos, pero también puede convertirse en un problema. La palabra original puede ser reemplazada automáticamente por otra muy diferente, y generar constrangimiento dependiendo del intercambio. La regla es la misma que vale para e-mails: revisar cuidadosamente todo y cualquier texto antes de enviarlo.
Fuente: exame.com
